Una comida de invierno … ¡calórica y deliciosa!

¿De qué país podía ser típica la fondue de queso? Pues de Suiza, claro, tierra de quesos por excelencia.

La fondue de queso es ideal para encuentros familiares o con amigos ya que es una manera muy divertida, amena y original de hacer una comida.



Debemos tener en cuenta que se trata de una comida pesado y de digestión lenta, así que no debemos abusar.

La complicación de este plato es mínima: lo esencial es tener el recipiente especial para fondues que debe ser de hierro y tener arte al mezclar.

Normalmente la fondue de queso se come mojando pequeños trozos de pan. Nosotros proponemos combinar el pan con otros ingredientes (en este caso carne, pero también se puede hacer con verduras, chorizos, albóndigas pequeñas, manzana o uva …)

Preparación

Untamos el recipiente de la fondue con un ajo. De esta manera evitaremos que el queso se pegue. Lo ponemos al fuego y echamos todos los quesos que tendremos rallados previamente y hacemos que se fundan, a fuego muy lento y removiendo constantemente.

Remover es una de las tareas más importantes. Le echamos un poquito de vino blanco.

Mientras, cortamos el pan en pequeños trozos y lo servimos en un bol.
Freímos por separado todos los demás ingredientes, también cortados a pequeñas porciones.

Y, cuando ya tengamos el queso bien fundido, en un vaso ponemos un dedo de vino y una cucharada de almidón de maíz para espesar el queso.

Lo tiramos en la mezcla de quesos y removemos bien.

y ya tenemos lista la fondue de queso lista para llevarla la mesa donde nos estarán esperando los comensales, con los pinchos en la mano, listos para empezar a mojar.



Podéis rematar la comida con una fondue de chocolate.

fondue de chocolate